Este 2020, más que una etapa de cambios, es un cambio de etapa. Una afirmación muy clara para muchos sectores pero ¿el campo de la Educación se ha dado por enterado? ¿Cuándo fue la última revolución educativa? ¿cuál fue el motivo?

La última vez que se produjo un cambio radical en el mundo educativo, trajo consigo la ampliación de las escuelas y la alfabetización de gran parte de la Humanidad. Desde entonces, el objetivo ha sido el mismo, alcanzar la plena extensión del mismo a todos los rincones del mundo sin reflexionar, en ningún momento, si el modelo a extender era idóneo o si tenía fecha de caducidad. 

¿Recuerdan la canción “Another brick in the wall de Pink Floyd“? Pues esa visión del sistema educativo sigue teniendo vigencia en nuestro currículum educativo. La escuela continúa siendo una destructora de creatividad y una fábrica donde preparar personas a un mundo conocido, nuestro actual presente pero, ¿qué será de ellos y ellas si, pasados los años de educación obligatoria la Sociedad que se encuentran, no es la prevista? 

Esta necesaria revolución no se debe centrar en el uso de determinados dispositivos o incluso en la universalización de los mismos, ni tan siquiera hacia la necesidad de abordar la competencia digital de la Sociedad (esto ya era palpable antes del COVID19). Esta revolución está motivada por un cambio de etapa y en lo que a la Educación se refiere, es más una revisión del modelo existente que una dotación de artilugios o el dominio de los mismos. Este último aspecto, si cabe, forma parte de las soluciones “tipo” que cada gobierno de turno toma para solucionar la Educación, de forma poco creativa y centrada en el “autobombo” electoral. 

A la par de la necesidad de una revolución educativa, nos vamos a encontrar en breves, con la imperiosa urgencia de reconstruir nuestro país después de la situación vivida los pasados meses o próximos… . Si alguien piensa que la Educación debe quedar al margen de la reconstrucción del país, claramente se equivoca. Más cuando hemos comprobado que la única medida real de conciliación familiar es la Escuela. ¡Ojo!, la Escuela no puede ser un parking de niñ@s pero debemos ser realistas. Por ello, la Escuela tiene que ser un pilar de la propia reconstrucción y no debemos perder la oportunidad de revolucionar nuestro arcaico sistema educativo. 

Nos encaminamos hacia una depresión social, cultural y económica que puede marcar a una generación de chicos y chicas durante años. Será una generación que deberá reinventar un mercado laboral para el que no está preparado, ni nuestro Sistema Educativo sabe dar respuesta. Es necesario un sistema que prepare al alumnado para una Sociedad cambiante, con grandes dosis de emprendimiento e inteligencia emocional y seamos sinceros: ¿somos tan ingenuos para pensar que la Escuela realmente prepara para el futuro? 

La Escuela actual necesita un giro significativo de rumbo, de hecho y para empezar, debe repensar su rumbo. Como afirmaba Séneca, “ningún viento es favorable si no se sabe a donde se va”. No podemos seguir “remando” si no tenemos claro cuál debe ser nuestro destino y sobre todo, cómo arbitrar ese proceso reflexivo.

Aquí, desde mi humilde opinión técnica, algunas ideas para el debate: 

1.- Revisión del currículum escolar: menos extenso y más profundo en aprendizajes esenciales. Véase algunos ejemplos asiáticos o nórdicos donde redujeron su currículum de forma significativa y están demostrando su acierto. Este aspecto también permitiría no “dejar” en la cuneta a un porcentaje de alumnado que terminan abandonando el Sistema Educativo.

2.- Este currículum resultante debe tener un claro perfil humanista, centrado en las capacidades de cada alumno/a, en su propio desarrollo y no tanto, si cumple o no, un estándar determinado. 

3.- El emprendimiento, el trabajo en equipo y la creatividad como pilares reales del aprendizaje del alumnado. No es tanto lo que se aprende sino cómo se aprende, la memorización de contenidos sin más, no es aprendizaje.

4.- Basado en evidencias. Dejemos de lado las frases de “azucarillo” y las creencias propias, para dedicarnos a investigar y comprobar el resultado de nuestras acciones en el aula. La innovación y la investigación en el campo de la Educación deben ir de la mano, para que los procesos de innovación educativa se asienten en principios básicos de investigación como la fiabilidad y la replicabilidad.

5.- Al hilo de este último punto, la formación del profesorado debe asentarse en aspectos y/o variables significativas en la mejora del Sistema Educativo. Es conocida la importancia de la posesión del doctorado en los docentes sobre la mejora del rendimiento académico del alumnado aunque este aspecto no se potencia en la formación del profesorado, ni se valora de modo alguno. 

6.- La Educación Emocional debe formar parte activa de nuestro currículum, asentada en propuestas fiables que se escapen de una serie de actividades descargadas del primer blog “llamativo”.

7.- Por supuesto, un sistema que promueva actitudes críticas y reflexivas en el alumnado para que dejen el “borreguismo” mediático y la esclavitud hedonista de las Redes Sociales.

Probablemente, tanto usted lector/a como un servidor, podríamos seguir enumerando muchos aspectos a debatir y a tener en cuenta, pero me gustaría concluir con la siguiente idea. La revolución del Sistema Educativo pasa por comprender que la CALIDAD del sistema no es la CANTIDAD del mismo, es decir, debemos dejar de lado la universalización del Sistema Educativo en la nación como prioridad, aspecto ya alcanzado, para dar paso a la CALIDAD como OPORTUNIDAD de crecimiento que ofrece el Sistema Educativo a quienes están inmersos en él.